jueves, 14 de febrero de 2013

¿Qué es la Cuaresma?


La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia
¿Qué es la Cuaresma?
El tiempo de la Cuaresma rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio...pero al fin el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa, que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y siguientes).

También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal, y por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas a la luz, del ayuno a la comida, de la tristeza al gozo profundo, de la muerte a la vida.

La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchos los pecadores que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!

Si tenemos la gracia de seguir felices en la casa paterna como hijos y amigos de Dios, la Cuaresma será entonces un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes que han herido el amor de ese Dios Padre; esta purificación la lograremos mediante unas prácticas recomendadas por nuestra madre Iglesia; así llegaremos preparados y limpios interiormente para vivir espiritualmente la Semana Santa, con todo la profundidad, veneración y respeto que merece. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna.

Ayuno no sólo de comida y bebida, que también será agradable a Dios, pues nos servirá para templar nuestro cuerpo, a veces tan caprichoso y tan regalado, y hacerlo fuerte y pueda así acompañar al alma en la lucha contra los enemigos de siempre: el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones desordenadas. Ayuno y abstinencia, sobre todo, de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, injusticias, insensibilidad ante las miserias del prójimo. Ayuno y abstinencia, incluso, de cosas buenas y legítimas para reparar nuestros pecados y ofrecerle a Dios un pequeño sacrificio y un acto de amor; por ejemplo, ayuno de televisión, de diversiones, de cine, de bailes durante este tiempo de cuaresma. Ayuno y abstinencia, también, de muchos medios de consumo, de estímulos, de satisfacción de los sentidos; ayuno aquí significará renunciar a todo lo que alimenta nuestra tendencia a la curiosidad, a la sensualidad, a la disipación de los sentidos, a la superficialidad de vida. Este tipo de ayuno es más meritorio a los ojos de Dios y nos requerirá mucho más esfuerzo, más dominio de nosotros mismos, más amor y voluntad de nuestra parte.

Limosna, dijimos. No sólo la limosna material, pecuniaria: unas cuantas monedas que damos a un pobre mendigo en la esquina. La limosna tiene que ir más allá: prestar ayuda a quien necesita, enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. La limosna es esa disponibilidad a compartir todo, la prontitud a darse a sí mismos. Significa la actitud de apertura y la caridad hacia el otro. Recordemos aquí a san Pablo: “Si repartiese toda mi hacienda...no teniendo caridad, nada me aprovecha” (1 Corintios 13, 3). También san Agustín es muy elocuente cuando escribe: “Si extiendes la mano para dar, pero no tienes misericordia en el corazón, no has hecho nada; en cambio, si tienes misericordia en el corazón, aún cuando no tuvieses nada que dar con tu mano, Dios acepta tu limosna”.

Y, finalmente, oración. Si la limosna era apertura al otro, la oración es apertura a Dios. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían; caerían por su propio peso. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, lo hace más limpio, más comprensivo, más generoso...en una palabra, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad. La oración es generadora de amor. La oración me induce a conversión interior. La oración es vigorosa promotora de la acción, es decir, me lleva a hacer obras buenas por Dios y por el prójimo. En la oración recobramos la fuerza para salir victoriosos de las asechanzas y tentaciones del mundo y del demonio. Cuaresma, pues, tiempo fuerte de oración.

Miremos mucho a Cristo en esta Cuaresma. Antes de comenzar su misión salvadora se retira al desierto cuarenta días y cuarenta noches. Allí vivió su propia Cuaresma, orando a su Padre, ayunando...y después, salió por nuestro mundo repartiendo su amor, su compasión, su ternura, su perdón. Que Su ejemplo nos estimule y nos lleve a imitarle en esta cuaresma. Consigna: oración, ayuno y limosna.

Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2013

Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2013
Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.


1. La fe como respuesta al amor de Dios

En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).


2. La caridad como vida en la fe

Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).

La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).


3. El lazo indisoluble entre fe y caridad

A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.

La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas in veritate, 8).

En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto ―indispensable― con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.

A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10). Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente. La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.


4. Prioridad de la fe, primado de la caridad

Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).

La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).

La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co 13,13).

Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Santo Padre, Benedicto XI


El Papa ha renunciado desde su niñez. "Renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio.
Renunció a ser un "sacerdote del montón", pero también renunció a ser un sacerdote elogiado. Renunció a llenar su cabeza de tonterías para llenarla de teología.

Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció estar jubilado al cumplir 85 años, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un hombre apegado a la renuncia (como el Señor nos dice en su evangelio: dejarlo todo).

Y ahora lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado CON TODA HUMILDAD cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de Alguien mayor (Cristo), ES UN PAPA SABIO Y HUMILDE. Él sabe que nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa, ni sus sacerdotes, ni sus laicos... Nadie es más que ella. Pero ser Papa en este tiempo, es un acto de heroísmo, PERO ESTO NO LO RECONOCE LA GENTE.

San Pedro, (el primer papa). ¿Cómo murió?: En una cruz, crucificado igual que a su maestro, pero de cabeza. Hoy en día, Ratzinger se despide igual. Crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de Alguien que es más grande que Él, Jesús, Dios.

CRUCIFICADO EN LA HUMILDAD, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos de los que se les puede calumniar, a esos de los que se les puede acusar, y no responde para defenderse. Y cuando responde, ES SOLO PARA PEDIR PERDON, Dijo: "Pido perdón por mis defectos" (y yo me pregunto: Cuales defectos Santo Padre?).

Estamos en un mundo donde parece "divertido" burlarse del papa, un mundo donde la hipocresía alimenta las almas de todos nosotros. Donde podemos juzgar a un Sabio de 85 años que quiere lo mejor para la Iglesia de Cristo, pero muchos critican: “¿con qué derecho renuncia?”. Acostumbrados que en este mundo NADIE quiere renunciar a nada, se busca elogio, comodidad, intereses... PUES EL PAPA BENEDICTO NO BUSCA TODO ESO.

RECORDAREMOS Y EXTRAÑAREMOS AL PAPA TEOLOGO, DEFENSOR DE LA VERDAD, enemigo del relativismo, Recordaremos cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte de su Iglesia, decidió apartarse por amor a Ella. Va a morir tranquilo, SIN HOMENAJES (que como papa habría recibido), sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió aun siendo Papa: HUMILDE. Como muchos lo han dicho ya: Benedicto XVI, muchas gracias por esta LECCIÓN DE HUMILDAD.

Miércoles de Ceniza:


Miércoles de Ceniza: comienza preparación para Pascua católica

La Cuaresma es un tiempo de penitencia que inicia con la imposición de la ceniza, un rito muy peculiar que de acuerdo con la religión católica simboliza la caducidad y lo limitado del hombre.

“Acuérdate de que eres polvo y en polvo te vas a convertir, pero lo más importante es: ¡arrepiéntete y cree en el Evangelio!”, expresó Monseñor Antonio Soto Guerrero, párroco de San José de la Montaña y vicario de la Vida Consagrada de la Diócesis de Zacatecas.

Explicó que la ceniza se hace quemando las palmas del Domingo de Ramos del año anterior para recordar que todo es efímero y “que tenemos que pensar en algo que no se acabe, y una de esas cosas es el Cielo, por eso se pone en la cabeza”.

Tomar ceniza no es obligatorio, sin embargo es el inicio de un caminar que de acuerdo a la “Ley de Dios”, renueva el corazón, dijo en entrevista el religioso.

¿Por qué cada año la Cuaresma inicia en distinta fecha?
El calendario católico se organiza en base a la Pascua, que siempre se celebra en el plenilunio de primavera, es decir la primera luna llena después del 21 de marzo. A partir de entonces se cuentan 40 días hacia atrás para determinar el inicio de la Cuaresma.

“Por eso se cambia la fecha cada año y en algunas ocasiones toca muy pronto", mencionó el sacerdote, pues algunas veces ha comenzado desde el 5 de febrero.

Son 40 días en los que los católicos recuerdan los 40 años que paso el pueblo de Israel en el desierto cuando se liberó de la esclavitud de Egipto y también tratan de imitar a Jesucristo cuando partió, también al desierto, a prepararse para la misión que le esperaba.

Iglesia llama a profundizar en la fe, hacer oración y practicar la caridad
Conforme con la explicación del Padre Soto Guerrero, la oración, el ayuno y la limosna son los 3 sacrificios que pide el Señor y preparan el corazón para la Pascua.

La oración al levantarse, al acostarse, durante las comidas, en misa los domingos o el rezo del Rosario en familia, sirve para fomentar la fe.

El ayuno no solo debe ser de alimentos, sino de abstenerse del pecado “porque podemos ayunar todos los días pero podemos comernos a las personas enteras con la crítica y la falta de caridad”, comentó el religioso.

La limosna no es solamente desprendernos de unos pesos para darlos a los demás. “La limosna que nos pide el Señor es la interior”, es decir, dar algo de sí mismo que cueste o duela, como pedir perdón a una persona que se ha ofendido o la reconciliación con alguien con quien se está enojado.

Este miércoles, miles de peruanos y del mundo entero acudirán durante todo el día a los templos católicos a recibir ceniza y recordar, como cada año, que “polvo eres y en polvo te convertirás”.

viernes, 8 de febrero de 2013

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

[Estampa religiosa de la Virgen de Lourdes]

ORACIÓN A NTRA. DE LOURDES


Dóciles a la invitación de tu voz maternal, oh Virgen Inmaculada de Lourdes, acudimos a tus pies en la humilde gruta donde aparecisteis para indicar a los extraviados el camino de la oración y penitencia, dispensando a los que sufren las gracias y prodigios de tu soberana bondad.

Recibid, oh reina compasiva, las alabanzas y súplicas que pueblos y naciones, unidos en la angustia y la amargura, elevan confiados a Ti.

¡Oh blanca visión del paraíso, aparta de los espíritus las tinieblas del error con la luz de la fe! ¡Oh mística rosa, socorre las almas abatidas, con el celeste perfume de la esperanza! ¡Oh fuente inagotable de aguas saludables, reanima los corazones endurecidos, con la ola de la divina caridad!

Haz que nosotros tus hijos, confortados por Ti en las penas, protegidos en los peligros, apoyados en las luchas, amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, y merezcamos los goces eternos junto a Ti. Amén.

Oración compuesta por Pío XII

 
ORACIÓN PARA PEDIR
LA SALUD DE LOS ENFERMOS

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra! Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas amargas de la enfermedad a vuestro maternal corazón, para pediros que derraméis a manos llenas el tesoro de vuestras misericordias sobre nosotros.

Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuchéis: pero acordaos, os diré con vuestro siervo San Bernardo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a Vos haya sido abandonado de Vos.¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima! Ya que Dios obra por vuestra mano curaciones sin cuento en la Gruta prodigiosa de Lourdes, sanando tantas víctimas del dolor, guardad también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo… Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para mayor gloria de Dios. Pero mucho más alcanzadnos a todos el perdón de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios prisionero por nosotros en los Sagrarios. Amén.

Virgen de Lourdes, rogad por nosotros.
Consuelo de los afligidos, rogad por nosotros.
Salud de los enfermos, rogad por nosotros.


Rezar tres Avemarías.

 
BIENAVENTURADA

Bienaventurada seas, Oh la más pura Virgen, por haber condescendido a manifestar tu esplendor con vida, dulzura y belleza en la Gruta de Lourdes, diciendo a la niña Santa Bernadette: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Miles de veces nos hemos congratulado acerca de tu Inmaculada Concepción. Y ahora, Oh por siempre Virgen Inmaculada, madre de misericordia, salud para los enfermos, refugio de pecadores y consuelo para los afligidos, tu que conoces nuestros deseos, nuestros problemas y nuestros sufrimientos, dígnate a echar sobre nosotros una mirada de misericordia.

Al aparecer en la Gruta de Lourdes te complaciste en hacer de él un santuario privilegiado desde dónde dispensas tus favores y donde ya muchos han obtenido la cura para sus enfermedades, tanto espirituales como físicas. Acudimos por tanto, con la más ilimitada confianza a implorar tu maternal intercesión. Consigue para nosotros, Oh Madre adorada, que nuestra petición sea concedida. Por medio del agradecimiento por tus favores, nos esforzaremos en imitar tus virtudes para así un día poder compartir tu gloria.

Oh Señora de Lourdes, Madre de Cristo, tu que tuviste influencia con tu divino hijo mientras permaneciste sobre la tierra tienes ahora la misma influencia en el cielo. Ruega por nosotros y obtén para nosotros de tu divino Hijo nuestras especiales peticiones si esa es la Voluntad de Dios. Amén.

Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros.

Santa Bernadette, ruega por nosotros.


ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN

Santa María, Madre de Dios, Virgen Inmaculada, Vos habéis aparecido dieciocho veces a Bernardita en la gruta de Lourdes, para recordar a los cristianos las maravillas y las exigencias del Evangelio, invitándoles a la oración, a la penitencia, a la eucaristía y a la vida en la Iglesia.

Para mejor responder a vuestra llamada, yo me consagro por vuestras manos a vuestro hijo Jesús…

Hacedme dócil al espíritu; y por el fervor de mi fe, por la manifestación de mi vida, por mi dedicación al servicio de los enfermos, haz que yo trabaje con Vos en confortar a los que sufren, en reconocimiento a los hombres, en trabajar por la unidad de la Iglesia y por la paz del mundo.

Con toda confianza, oh Señora mía, yo os dirijo esta plegaria y os pido que la acojáis y la atendáis. Amén.

Nuestra Señora de Lourdes, rogad por nosotros.

Santa Bernardita, rogad por nosotros.


 

NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
 NOVENA BREVE

 
ORACIÓN INICIAL
ORACIÓN FINAL
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, creador y redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, a mí me pesa de todo corazón haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, cumplir la penitencia que me fuere impuesta y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos. Os ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los méritos de vuestra preciosísima sangre, pasión y muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
[Estampa de la Virgen de Lourdes de finales del siglo XIX]
Bajo vuestro amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no despreciáis nuestras súplicas en las necesidades, sino libradnos de todos los peligros, ¡oh siempre Virgen gloriosa y bendita!
V. Ruega por nosotros, ¡oh Virgen de Lourdes!R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
ORACIÓN. ¡Oh Dios eterno y compasivo! Concédenos la gracia de vivir santa y cristianamente, venerando a la Virgen Santísima de Lourdes, para que seamos dignos de su intercesión en la vida y en la hora de la muerte Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
Rezar la oración del día correspondiente:

 

DÍA PRIMERO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…
ORACIÓN. Reina Inmaculada que, apareciendo personalmente cual majestuosa Señora en la gruta de Lourdes, honrasteis con vuestra benigna mirada y con la comunicación de vuestros secretos a la pobre y enfermiza Bernardita, tanto menos estimada de los hombres por la falta de toda cultura, cuanto más acepta a Vos por el candor de su inocencia y el fervor de su devoción; obtened para nosotros la gracia de que, poniendo siempre nuestra gloria en hacernos gratos al Señor con una vida enteramente conforme a nuestros deberes, nos hagamos al mismo tiempo merecedores siempre de vuestras especiales bendiciones. Amén
Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.
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DÍA SEGUNDO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…

ORACIÓN. ¡Oh Virgen de Lourdes, escogida por Dios para ser Madre de Jesús, Tesorera de las divinas gracias, refugio y abogada de los pecadores! Postrado humildemente a vuestros pies os suplico seáis mi guía y salud en este valle de lágrimas, porque nada puedo ni debo hacer sin Vos. Alcanzadme de vuestro divino hijo el perdón de mis pecados, la perseverancia en el bien y la salvación de mi alma, para ser eternamente feliz y dichoso en vuestra dulce compañía en las mansiones da la gloria. Amén.

Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.
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DÍA TERCERO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…
ORACIÓN. ¡Oh Virgen de Lourdes y Madre mía, vida y esperanza de los huérfanos, áncora de los náufragos, salud de los enfermos y consuelo de los que agonizan y mueren! ¡Oh Madre mía! Después de Dios, Tú eres y serás. mi única esperanza en las tentaciones y peligros, en la vida y en la hora de mi muerte. No me dejes, ¡oh María! Amén.
Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.
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DÍA CUARTO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…
ORACIÓN. ¡Oh Virgen purísima de Lourdes, vida de mi alma, alivio de mis penas, suavidad y dulzura de mis aflicciones! A las puertas de vuestro corazón, ¡oh Madre mía!, llama este pecador enfermo, cuyo dolor, en este momento, es tan grande como sus pecados; compadeceos de él, no le desechéis, miradle con ojos de compasión. Sanadle, como Jesús a los leprosos. Curadme para que alabe a Dios eternamente. Amén.
Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.
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DÍA QUINTO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…
ORACIÓN. ¡Oh Virgen de Lourdes y Reina de los ángeles, en cuyos ojos centellea la fe que abrasa vuestro espíritu! Enseñadme a creer; pero a creer obrando, porque la fe sin obras es muerta; y llenos de creyentes, que no obraron conforme a sus creencias, están los calabozos del infierno. Ayudadme a creer la palabra divina y a obrar como Dios y la Iglesia me mandan creer y obrar; pues la fe es luz y antorcha que ilumina mi alma y la conduce por la senda de la eterna bienaventuranza. Amén.
Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.
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DÍA SEXTO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…
ORACIÓN. ¡Oh Virgen de Lourdes y Virgen de las vírgenes, azucena candidísima, tórtola inmaculada, paloma sin hiel! Vos, que fuisteis concebida sin pecado; Vos, que tanto amáis la castidad y tanto queréis a vuestros hijos, tened compasión de mí y libradme de esta ponzoñosa concupiscencia que me sumerge en un mar de pecados. Alcanzadme de vuestro Hijo la gracia de la castidad para vivir en la tierra como los ángeles del cielo. Amén.
Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.
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DÍA SÉPTIMO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…
ORACIÓN. ¡Oh Virgen de Lourdes y soberana Emperatriz de los cielos, que, por amor a la pobreza, os sujetasteis a todas las privaciones y escaseces de los pobres de espíritu!, enseñadme a despreciar las demasías y regalos, e inspiradme amor y compasión a los pobres para conseguir con la limosna el reino de los cielos. Amén.
Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.

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DÍA OCTAVO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…
ORACIÓN. ¡Oh Virgen de Lourdes, ejemplar sublime de obediencia, que hacíéndoos esclava del Señor y humillándoos hasta vivir sin propia voluntad, merecisteis os llamasen bendita todas las generaciones! Enseñadme y ayudadme, como a la niña Bernardita, a ser obediente hasta la muerte, porque la obediencia es mejor que los sacrificios, y el que sigue obedeciendo a Dios conseguirá llegar hasta el cielo. Amén.
Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.
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DÍA NOVENO [Ir al principio de esta página]

Por la señal… Señor mío Jesucristo…
ORACIÓN. ¡Oh Virgen de Lourdes, Reina de los mártires y consuelo de los afligidos! Por la heroica paciencia que resplandeció en todos los actos de vuestra vida mortal, desde Belén al Calvario, desde la Profecía de Simeón hasta que os arrancaron de los brazos el cadáver ensangrentado de vuestro divino Hijo, tened misericordia de mí y ayudadme a sobrellevar con cristiana resignación el peso de las cruces que el Señor tenga a bien enviarme, para labrar mi eterna felicidad en la gloria y vivir en vuestra dulce compañía por todos los siglos. Amén.
Tres Avemarías y un Gloria. Pedir la gracia que se desea obtener con esta novena. Terminar con la oración final para todos los días.

miércoles, 6 de febrero de 2013

El carnaval y la iglesia católica

Históricamente vemos que el carnaval es una fiesta de origen pagano (no cristiana) que era celebrada por los griegos y romanos en honor a un falso dios, al dios Baco o Baal el dios de la
lujuria de las orgias y borracheras.(carna baal. Significa fiesta para el dios baal). En esas fiestas la gente cometía toda clase de excesos.Grandes orgias y comilonas.No hay ninguna referencia en la santa Biblia que los cristianos de las epocas antiguas hayan celebrado carnaval.
Nuestro Dios y Creador, es un Padre bueno, justo y santo y en la santa Biblia dice claramente que NO participemos en fiestas dedicadas a ídolos paganos.Ni a falsos dioses Dios no quiere que sus hijos nos contaminemos y atraigamos maldiciones a nuestras vidas. Estas malignas Fiestas hechas para honrar a dioses falsos,(demonios) que representan todo lo que el Dios de la Biblia condena, los vicios la lujuria y las orgias.
Dios es un Dios bueno, puro y santo y quiere que su hijos seamos íntegros, y buenos. La pureza de vida y la integridad agradan a Dios. Los que celebran el carnaval pagano deben saber que esto traerá graves efectos en sus vidas y que están trayendo maldiciones espirituales sobre ellos. Vendrá dolor y tragedias a sus hogares. Miles seran atacados con depresiones, confusión, rebeldía, vicios, prostitución, suicidios. El Señor Jesucristo dijo que el diablo, el enemigo viene a matar robar y destruir.Santo Evangelio segun San Juan cap 10.10
Después del carnaval la ciudad queda sucia y manchada pero esto no es nada comparable a las manchas que quedan en las almas de los que participaron en esta maligna fiesta. Cuantos graves pecados de adulterio fornicación violaciones se cometen en esta época. Cuantas vidas quedan heridas y cuantos hogares destruidos. Algunos tratan de disfrazar el carnaval como cultura como tradición, etc. Pero en el fondo todos sabemos que no es asi.
Lo mas triste es que católicos y cristianos que dicen que aman a Dios participen en esta maligna fiesta del carnaval. Esto ofende a nuestro Dios y Padre. Pues es una fiesta pagana dedicada al dios de los vicios y las orgias. Es una fiesta dedicada al pecado. Y a exaltar todo lo que nuestro Dios aborrece. Por principio un cristiano, no debería participar jamás en esta fiesta.Las empresas sin moral que promueven el carnaval pagano ganan dinero vendiendo alcohol a los jóvenes. Y no les importa que haya cada vez mas accidentes fatales y violencia y jóvenes alcohólicos y familias destruidas.
Como religiosos y pastores que amamos a Dios y al santa Iglesia que es la grey del Señor Llamamos a padres católicos cristianos que reflexionen muy bien sobre este tema y sobre el ejemplo que le estan dando a sus hijos..La santa Biblia dice que los padres deben instruir a sus hijos y darles buen ejemplo y ser ESTORBO para ellos, para que no hagan lo malo.
Como religiosos deseamos advertir a la iglesia y a los hijos de Dios y pensamos que es mejor agradar a Dios que agradar a los hombres. Dios es el amigo fiel y verdadero que nunca te fallara. Pero si uno vive ofendiendo a Dios ¿como va a acudir a El en los momentos mas difíciles de esta vida.? Dios nos llama hoy a ponernos a cuenta con El y arrepentirnos y pedirle perdón. Y dejar de hacer lo malo. dejar todo vicio y pecado.Dejar las drogas el alcoholismo la lujuria y la prostitucion. Dios se agrada cuando un pecador se arrepiente y se pone a cuenta con El. la Biblia dice que hay fiesta en los cielos cuando un hijo descarriado viene y se reconcilia con Dios y deja el mal camino y deja de hacer lo malo y empieza a hacer el bien y empieza a vivir una vida conforme a los grandes y sabios principios y mandamientos de Dios.
UNA VIDA DE OBEDIENCIA AGRADA AL PADRE CELESTIAL
Muchos grupos se van al campo y hacen retiros en estos días. Imitemos ese buen ejemplo de gente fiel a Dios que desea agradar a Dios y esta cansada de tanta violencia excesos y corrupción. Los religiosos misioneros somos los pastores que Dios ha puesto para cuidar las almas de su rebaño. Estas palabras las escribimos con afecto y amor. Buscando el mayor bien de los hijos de Dios. Amar es buscar el mayor bien del ser amado
Amigos hoy Dios busca hijos obedientes a sus mandamientos que vivan una vida de pureza y de integridad y de honradez. A ellos les dara sus bendiciones y protección. En estos días finales.Pues todos sabemos bien que el dia del Señor se acerca. Amigo hazte un buen seguidor de Jesucristo y serás salvo tu y toda tu familia. Lea libro de hechos capitulo 16.
Es hora que empecemos a demostrar con nuestras actitudes que somos hijos de DIOS, muchas beses nos llenamos la boca con bellas palabras pero nuestras actitudes nos delatan, empecemos a caminar con paso firme en el CAMINO DE LA VERDAD Y LA VIDA  que es NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, demostremos  que realmente hemos tenido un encuentro personal con nuestro amado SEÑOR, a través de nuestro cambio de vida, si no ay cambio es que no has tenido todavía tu encuentro con el SEÑOR, no te engañes , y disponte totalmente a buscar ese encuentro personal con DIOS, no pierdas más tu tiempo abre los ojos y atrévete a tener ese maravilloso encuentro con JESÚS. Recuerda que las palabras convencen pero el testimonio arrastra (atrae). DIOS UNO Y TRINO nos bendiga.

martes, 5 de febrero de 2013

EL MENDIGO Y LOS PÁJAROS


Estaba caminando tranquilamente por un parque que hay cerca de mi casa, y al cruzar una fuente que había allí, me fijé en un pobre mendigo sentado en un banco. Éste tenía todas las ropas raídas de estar acostado por los suelos de las calles. La barba desaliñada y sucia, y su cara reflejaba el dolor y la miseria que estaba atravesando.

Él se encontraba sentado en aquel banco como con un gesto de derrota increíble.
Metió la mano profundamente en uno de los bolsillos del saco carcomido por el mucho uso y saco una sucia bolsa de papel con gesto displicente.

La abrió miró dentro de la bolsa, y después miró hacia el cielo con gesto de inconformidad y con disgusto por lo que había dentro de ella y como una queja molesta de lo que estaba pasando.
Metió la mano en la bolsa y sacó un pedazo de pan que comenzó a comer con cansada actitud.
Se comía aquel pan como rumiando y suspirando hondo con gesto disgustado.

Al poco rato empezaron a acudir algunos pajarillos que, curiosos y golosos, venían a ver si podían alcanzar algunas migajas de lo que caía al suelo escapándose de las manos de aquel hombre.
El mendigo, con un tirón de disgusto, agarró el sombrero que tenía puesto y espantó a los pájaros malhumorado para que no le molestaran.

Él estaba comiendo su pan y no quería que nadie perturbara ese instante de disfrute de lo suyo.
Y así refunfuñando, gruñendo y malhumorado siguió comiéndose su pan.
Cuando terminó de comer dobló la bolsa y la metió nuevamente en su bolsillo y se cruzó de brazos en espera del tiempo que transcurría.

Miraba corvamente a todas partes y pudo darse cuenta que en ese instante se estaba acercando a él un hombre bien vestido, muy elegante, con aspecto distinguido que iba a pasar por delante de él.

Sin más tardanza, se levantó presuroso y se acercó al hombre que ya estaba junto a él.

Con gesto humilde y servil extendió la mano y le dijo:

Señor... Me da una limosnita por caridad.

El hombre se detuvo. Miró al mendigo de arriba abajo con gesto escrutador.
El mendigo volvió a decir:

Por amor de Dios, tengo hambre, me da una limosna para poder comer...

El hombre suspiro profundamente y con palabras lentas y medidas le dijo:

Quieres una limosna para comer por que tienes hambre, ¿Eh?

Te he estado observando desde que venía a lo lejos.

Esperas que otros te traten bien y que mitiguen tus ansias;
en cambio observé como ahuyentaste a los pobres pajarillos que, hambrientos como tú, esperaban recibir algo para comer.


Pero como le hiciste a los pájaros, que son obra de Dios, como tú, así te he de hacer a ti.

Cambiando su actitud, y con un gesto decidido le increpó:

Sigue de largo tu camino y alienta tu miseria que bien la has ganado.

Solo escucha estas palabras:
"Con la misma vara con que mides serás medido"

Vete de este parque, no vuelvas por aquí. hasta que no cambies tu actitud.

Y con un gesto enérgico le agarró de un brazo y le hizo caminar hacia la salida del parque mientras le decía:

Ahora no molestarás tú a los pajarillos en tanto que estos comen las migajas de los que les alimentan.
Todos somos criaturas de Dios y como tal, el que tiene debe dar al que carece.