miércoles, 23 de abril de 2014

De qué barro estoy hecho

A todos nosotros nos toca aguantar los golpes de la vida. ¿Quién de nosotros no ha tenido que sufrir desencantos, decepciones, tristezas e infortunios?, y al mismo tiempo ¿quién de nosotros no ha experimentado el amor, la fuerza de la oración, la gracia de Dios que actúa en nuestra vida?

A lo largo de la historia ha habido un utensilio muy importante: las vasijas; sí, las vasijas de barro, aquellas que han sido moldeadas por las manos humanas y que tan necesarias se convirtieron en siglos pasados. Te comparto esta breve reflexión para que entiendas tu vida desde esta perspectiva.

Las vasijas de barro, de todas formas y tamaños, eran utensilios valiosos en los hogares de la antigüedad. Nuestros antepasados usaban grandes tinajas para almacenar agua y aceite; empleaban cántaros para acarrear agua y frascos de terracota para guardar perfumes.

Las vasijas de barro, para almacenamiento, se llenaban de granos y otros alimentos. Las amas de casa usaban cazuelas de barro para cocinar. En las comidas, usaban utensilios de barro como platos y tazones; en la noche, iluminaban las casas con lámparas de barro.

Los alfareros que fabricaban estos utensilios tan necesarios eran parte muy importante de la economía de los antiguos pueblos y ciudades.

Un alfarero, en un momento de inspiración, describió así su artesanía:

Mis dos manos dieron forma a esta vasija. Y el lugar en el que se forma en realidad es uno de tensión entre la presión aplicada en el exterior y la presión de la mano del interior; es un verdadero arte manejar ambas manos, mientras una presiona, la otra va moldeando con suavidad y cariño. Así ha sido mi vida. Tristeza, muerte e infortunio, amistad y todas las cosas que me han sucedido que ni siquiera elegí. Todas influyeron en mi vida. Son las manos que me han ido formando por fuera y hacen que hoy sean parte de lo que soy. Sin embargo, hay cosas que creo que tengo dentro de mí: mi fe en Dios y el cariño y respeto de algunos amigos que actuaron en mí. Mi vida, al igual que esta vasija, es el resultado de lo que ocurrió en el exterior y de lo que sucede en el interior de mi vida. La vida, como esta vasija, se forma en lugares de tensión.

A lo largo del día quizá nos sintamos regulados por las tensiones y demandas de los demás, abrumados por las responsabilidades y presionados por los retos que nos acosan desde el exterior. Sin fortaleza de espíritu en nuestro interior, sin esos momentos de fe, de oración, de esperanza, esas dificultades nos llevarán al derrumbe, porque la tensión externa es muy fuerte.

Recuerda: tu vida interior te da las fuerzas que necesitas para convertir tu vida en una vasija útil, grata a los ojos del alfarero y gratas a los ojos de los que la utilizan. Así es, estamos llamados a que a través de nosotros se haga el bien, se viva en la verdad y se trasmita el amor, hoy es tu oportunidad. Por eso, no nos desanimemos: pues aunque por fuera nos vamos deteriorando, por dentro nos renovamos día a día (2 Corintios 4:16)


 
  • P. Dennis Doren LC
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