martes, 5 de febrero de 2013

El hombre en la Roca

Recuerdo una historia de un hombre que estaba sentado en una roca y teniendo sed miró hacia un valle lejano que estaba lleno de pozos y salió rápido hacia allá para encontrar agua con qué apagar la sed.

Cuando llegó al valle, después de mucho andar, comprobó que cada pozo tenía una profundidad diferente y que mientras más se alejaba, mas profundos resultaban ser los pozos.

Como no tenía nada con que sacar esas aguas, miraba ansioso hacia lo profundo del pozo pensando en lo deliciosas que debían ser esas aguas profundas si las pudiera tomar.

Y así estuvo recorriendo pozo tras pozo pensando que las aguas que allí había podrían calmar su sed, sin lograr más que nuevos deseos de tomar las aguas de aquellos pozos.

Después de mucho andar sin lograr mitigar su sed, que cada vez era más aguda, se encontró con un campesino que, sentado bajo una palmera, tomaba con deleite sorbos de agua de un cántaro que tenía.

Corriendo hacia el hombre cayó ante sus pies y le pidió agua que calmase su sed.

El campesino le dijo: No te arrodilles, levántate y toma, yo estaría igual que tú antes de pasar por el mismo camino. Si no tuviera aguas para el viaje desfallecería y moriría de sed ¡Ah! yo no vengo a este lugar si no traigo agua suficiente para no padecer al no poder extraer aguas de tantos pozos que hay aquí, cuál de ellos más profundo, y cuál de ellos más empinado. Toma un poco, bebe y ve a buscar agua para ti para que no padezcas más sed.

¿Pero dónde...? preguntó angustiado el hombre.

En la roca que hay allá arriba, contestó el otro.

Pero, yo estuve sentado sobre ella y no vi ninguna agua...

El otro lo miró y sonriendo le preguntó: ¿Miraste debajo de ella?

No, contestó el hombre extrañado...

Debajo de la roca hay un manantial de aguas inacabables, Ve, regresa y sáciate... A todos los que se sientan en la roca les pasa igual, es tan fácil y simple tomar esas aguas que corren silentes y seguras que no creen que con ellas nunca más tendrán sed.

El campesino sacó un cántaro de su bolsa y dándosela al hombre le dijo: Toma este cántaro y regresa, verás que nunca más languidecerás.

El hombre tomó el cántaro y se dispuso a partir hacia la roca, cuando miró atrás, el campesino ya no existía, en el cántaro había una palabra brillante, cuando la leyó sólo pudo ver que decía



FE, LLÉNAME Y JAMÁS TENDRÁS SED

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